Úbeda es su gente: el alma detrás de la piedra

Experiencial

Úbeda se describe habitualmente con adjetivos predecibles: «monumental», «renacentista», «eterna», «patrimonio». Y todo eso es cierto, técnicamente correcto, verificable en cualquier guía turística estándar. 

Pero si rascas un poco la superficie pulida de sus fachadas de sillería, descubres que la verdadera fuerza de esta ciudad no reside en la piedra tallada por maestros muertos hace quinientos años. Reside en algo más vivo, más cálido, más resistente al paso del tiempo: su gente, los ubetenses que han decidido que la tradición no es reliquia que se guarda en vitrinas de museo, sino algo que se amasa con las manos, se cocina con pasión y se canta cada día. 

Este marzo de 2026, mientras paseas entre palacios que impresionan o te asomas al mar de olivos que hipnotiza, te cruzarás con personas que mantienen viva la ciudad más allá de los edificios. Personas que podrían haberse marchado a ciudades más grandes buscando oportunidades más evidentes, pero que eligieron quedarse, crear, resistir, transmitir. 

Hoy os presentamos a cuatro de ellos. Cuatro ubetenses que son, en realidad, pilares invisibles que sostienen la ciudad tanto como las columnas de Vandelvira. 

Paco Tito: el guardián del fuego ancestral y el barro que tiene memoria 

Si entras en la calle Valencia y dejas que tus sentidos te guíen, el olor a barro húmedo mezclado con humo de leña te llevará directamente al taller de Paco Tito como si fueras perro de caza siguiendo rastro irresistible. 

Para Paco, la alfarería no es oficio que se aprende en escuela ni profesión que se elige por conveniencia económica. Es linaje, es herencia de sangre, es conversación continua con antepasados que trabajaron el mismo barro en los mismos tornos durante generaciones. 

El guerrero del horno árabe 

En mundo de plástico desechable y producción industrial que arrasa con lo artesano, Paco sigue utilizando el horno árabe tradicional, alimentado exclusivamente con leña de olivo (esa simbiosis perfecta entre los dos símbolos de Úbeda: cerámica y olivo). 

El proceso que se niega a abandonar: 

Moldea cada pieza en torno antiguo que podría estar en museo pero que él usa diariamente. Sus manos conocen el barro con intimidad que va más allá de la técnica: saben cuándo está demasiado húmedo, cuándo necesita más agua, cuándo está listo para el fuego. 

Hornea a temperaturas que solo controla por experiencia acumulada, sin termómetros digitales ni temporizadores precisos. El olor del humo, el color de las llamas, el sonido del fuego le dicen todo lo que necesita saber. 

Aplica vidriados con recetas que nadie más conoce porque las heredó de su padre, que las heredó del suyo, cadena ininterrumpida de conocimiento que no está escrito en ningún manual académico. 

Su huella visible en marzo 

Mientras la ciudad se prepara para Semana Santa, Paco da los últimos toques a sus famosas figuras de nazarenos y arte sacro que las cofradías lucirán en procesiones inminentes. Pequeñas esculturas que parecen simples pero que requieren conocimiento técnico que pocos dominan. 

Penitentes de barro que pueblan belenes y hogares ubetenses. Piezas votivas encargadas por devotos. Reproducciones de santos que se veneran en oratorios privados. 

Por qué conocerlo merece tu tiempo 

Porque hablar con Paco Tito es entender que Úbeda está literalmente hecha de la misma tierra que sus cántaros. La arcilla que moldea viene de los mismos campos que rodean la ciudad. Los palacios renacentistas se levantaron sobre el mismo suelo que él trabaja diariamente. 

Él no hace cerámica como quien fabrica productos: él custodia memoria de manos que llevan milenios trabajando este barro específico de esta tierra específica. 

Cuando te muestre una pieza recién salida del horno, todavía caliente al tacto, oliendo a humo de olivo quemado, comprenderás algo sobre Úbeda que ningún museo te puede enseñar. 

Taller: Calle Valencia (barrio alfarero) Visitas: Posibles con llamada previa, mejor en horario de mañana  

Kiko Peñuela: el alquimista que cocina el Renacimiento en platos del siglo XXI 

En los fogones del Asador de Santiago, Kiko Peñuela lleva semanas trabajando a contrarreloj con la intensidad de quien sabe que está participando en algo histórico. 

Como uno de los pilares de las XXV Jornadas Gastronómicas en el Renacimiento (que este año celebran cuarto de siglo hasta el 15 de marzo), su misión trasciende simplemente cocinar bien: es casi de alquimista, de historiador culinario, de arqueólogo del sabor. 

El chef que lee libros de cocina del siglo XVI 

Kiko Peñuela dedica tiempo que otros chefs emplean en redes sociales a estudiar tratados de cocina renacentista: Diego Granado, Ruperto de Nola, recetarios de conventos, documentos que describen banquetes de nobles del XVI. 

No lo hace por afectación académica: lo hace porque está genuinamente fascinado por rescatar sabores olvidados y presentarlos con elegancia del siglo XXI sin traicionar su esencia original. 

Combinaciones agridulces que eran señal de sofisticación renacentista. Uso de especias que llegaban de Oriente a precio de oro. Técnicas de conservación que permitían comer fuera de temporada. Presentaciones que impresionaban a comensales tanto como la arquitectura de Vandelvira impresionaba a visitantes. 

Su secreto profesional (que no es tan secreto) 

El uso obsesivo del AOVE de cosecha temprana como hilo conductor de toda su carta. Para Kiko Peñuela, cada plato es homenaje explícito a los agricultores que cuidan el mar de olivos que rodea la ciudad. 

No usa el aceite como aderezo opcional: lo convierte en protagonista que estructura sabores, que une ingredientes, que define la identidad del plato. 

Cuando pruebas sus creaciones, entiendes por qué Úbeda no solo se ve en monumentos sino que se «come» de forma exquisita, por qué la gastronomía es patrimonio tan valioso como la arquitectura. 

Por qué su trabajo importa más allá del paladar 

Porque está demostrando que la tradición culinaria puede evolucionar sin perder alma, que rescatar recetas antiguas no significa convertirse en museo gastronómico sino en puente entre pasado y futuro. 

Cada comensal que sale de su restaurante llevándose sabores que no había experimentado antes es embajador involuntario de Úbeda, de su aceite, de su capacidad para innovar respetando raíces. 

Restaurante: Asador de Santiago Reservas: Imprescindibles para menús de Jornadas Gastronómicas  

Fran: el ritmo rebelde que hace vibrar piedras centenarias 

Si buscas el lado más vibrante, más conscientemente irreverente de Úbeda, tienes que preguntar por Fran, gerente de la mítica La Tetería. Él representa esa Úbeda joven y emprendedora que no tiene miedo a innovar, que rechaza la idea de que ser Patrimonio de la Humanidad significa convertirse en ciudad-museo silenciosa. 

El motor del Rock & Blues Fest 

Este marzo, Fran es el cerebro y músculo detrás del Rock & Blues Fest (13 y 14 de marzo en Plaza de Toros). Ha conseguido algo que parecía imposible: traer leyendas como Los Barones o Santi Campillo a una ciudad de 35,000 habitantes, uniendo música de calidad con solidaridad en favor de la AECC. 

Por 3€ simbólicos, ofrece dos días de música que en ciudades grandes costarían diez veces más. Convierte la Plaza de Toros en templo del rock, demostrando que las estructuras históricas pueden acoger expresiones culturales contemporáneas sin perder dignidad. 

Su filosofía: patrimonio vivo, no momificado 

Fran demuestra todos los días que ser Patrimonio de la Humanidad no significa estar anclado en silencio reverencial perpetuo. Que una ciudad puede honrar su pasado renacentista mientras abraza blues eléctrico, metal intenso, creatividad contemporánea. 

Gracias a gente como él, Úbeda suena a guitarras distorsionadas además de a campanas antiguas. Huele a café de especialidad además de a incienso conventual. Se mueve al ritmo del presente sin renegar del pasado. 

La Tetería, que este año cumple 28 años de resistencia cultural, es refugio para quienes buscan Úbeda más allá de los monumentos oficiales: espacio donde estudiantes, artistas, viajeros curiosos se encuentran sin ceremonias turísticas. 

Por qué su rebeldía es necesaria 

Porque las ciudades que solo viven del pasado mueren lentamente, se convierten en parques temáticos sin alma real. Fran y otros ubetenses de su generación están garantizando que la ciudad tenga futuro además de historia, que atraiga a gente joven que quiera vivir aquí, no solo visitarla dos horas. 

Cada concierto que organiza, cada evento cultural que impulsa, es acto de resistencia contra la idea de que las ciudades pequeñas están condenadas a despoblarse o museificarse. 

La Tetería: Centro histórico (pregunta a locales, todos la conocen) Rock & Blues Fest: 13-14 marzo, entradas 3€ Ambiente: Ecléctico, acogedor, conscientemente anti-corporativo 

Las Monjas de Santa Clara y as del Convento de la Concepción: las manos invisibles que endulzan con azahar y oración 

Tras el torno giratorio del Convento de Santa Clara y las del Convento de la Concepción, la vida transcurre a ritmo radicalmente diferente del mundo exterior. No las verás pasear por Plaza Vázquez de Molina ni tomando café en terrazas, pero su presencia impregna el paladar de cada visitante que prueba sus dulces conventuales. 

El legado comestible de siglos 

En este marzo de preludio pasional previo a Semana Santa, sus tornos no dejan de girar despachando torrijas celestiales, roscos que parecen hechos por ángeles, dulces de almendra cuyas recetas tienen siglos de antigüedad transmitida oralmente de monja a novicia. 

El proceso de compra es ritual en sí mismo: 

Te acercas al torno, pequeña ventana giratoria que preserva la clausura. Llamas con timbre discreto. Desde el otro lado, voz amable pero invisible te pregunta qué deseas. Pides tus dulces, dejas el dinero en el torno, gira, y aparecen tus dulces envueltos con cuidado casi maternal. Nunca ves el rostro de quien los hizo, pero sientes la devoción con que fueron creados. 

Guardianas de la merienda renacentista 

Estas monjas son custodias involuntarias de tradición gastronómica que es tesoro mejor guardado de la ciudad. En cada bocado de sus dulces hay: 

Oración: porque trabajan en silencio contemplativo, porque cada gesto es acto de devoción. 

Historia: porque las recetas que usan son las mismas que usaban sus predecesoras en el siglo XVI, XVII, XVIII. 

Identidad local: porque usan almendras de la zona, miel local, aceite de oliva de cooperativas ubetenses, ingredientes que anclan los dulces a esta tierra específica. 

Por qué su invisibilidad es su fuerza 

Porque en mundo hiperconectado donde todo se fotografía y se publica, ellas mantienen misterio, privacidad, enfoque en el trabajo bien hecho sin buscar reconocimiento público. 

No tienen Instagram ni página web sofisticada. Su marketing es el boca a boca de generaciones de ubetenses que llevan toda la vida comprándoles dulces. Su marca es la confianza acumulada durante siglos. 

Cuando pruebas sus dulces artesanos en marzo, sabiendo que fueron hechas por manos que nunca verás, en cocina conventual que jamás visitarás, siguiendo recetas que nadie ha escrito, experimentas algo que el turismo moderno rara vez ofrece: encuentro con lo genuino, lo no adulterado, lo verdadero. 

Convento de Santa Clara y el Convento de la Concepción: Centro histórico (pregunta ubicación exacta) Horario torno: Variable, mejor por la mañana Consejo: Lleva efectivo, no aceptan tarjeta 

Úbeda es su gente, o no es nada 

Cuando vengas este marzo a vivir el Año Jubilar Sanjuanista, a degustar los menús de aniversario gastronómico, a vibrar con rock solidario o a contemplar atardeceres sobre olivares infinitos, recuerda esto fundamental: 

Cada experiencia que vivas ha sido preparada, creada, sostenida por manos ubetenses. El barro que compras lo moldeó Paco. El plato que te emociona lo cocinó Kiko Peñuela. El concierto que disfrutas lo organizó Fran. El dulce que saboreas lo hornearon las monjas. 

Ellos son los que hacen ciudad real más allá de la postal turística. Ellos convierten viaje genérico en recuerdo imborrable. Ellos garantizan que Úbeda sea destino vivo en lugar de museo petrificado. 

Los monumentos impresionan. El paisaje hipnotiza. Pero son las personas quienes te cambian, quienes te hacen volver, quienes convierten tu visita en historia personal que contarás durante años. 

Ven a conocer Úbeda. Pero sobre todo, ven a conocer a los ubetenses. Porque ellos son el verdadero patrimonio de la humanidad. 

Comparte tus encuentros con #GenteDeÚbeda y da visibilidad a quienes mantienen viva la ciudad. 

Las piedras cuentan el pasado. La gente construye el futuro. Úbeda tiene ambos. 

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